Ya no me dueles.

María tenía ente sus manos el poema más estremecedor que jamás había recitado en el programa de radio que lideraba. Ella estaba acostumbrada a textos tan duros como dura es la vida, a veces le llegaban historias más amables (las menos), y lee con sumo cuidado cada una de ellas asumiendo que entre líneas hay otra verdad que no se cuenta. María sabe que las palabras nos ayudan a contar nuestra vida de una manera menos real, al estilo Bollywood, con colores y bailes más alegres de lo que realmente son, incluso cuando lo que narramos sea un mar de duelos y desesperanza, tendemos a dibujar pasajes soleados.

En cinco minutos, María salía a antena, ese poema que seguía inerte entre sus manos sería el que compartiría a continuación en su programa.

 

- Buenas noches queridos oyentes, hoy abrazamos la madrugada con las letras de una,  mujer valiente que estrena alma, corazón y vida - y sin más, con una voz susurrada, deliciosa y emocionada, comenzó su lectura:

 

“Ya no me dueles,

el último trocito de la piel que destrozaste a golpes,

a gritos,

a insultos,

a falsas promesas, la cosí a mi cuerpo,

por fin.

El eco de tu existencia ya no me aterroriza,

las noches con olor a burdeles, a alcohol barato y miedo

ya no me persiguen en sueños.

Tus amenazas, tus desprecios,

tus falsos intentos…

ya no intoxicarán de nuevo mis besos.

No hay vida que resurja con tanta fuerza como hoy lo hago yo.

Vuelvo a vestirme con la piel de la mujer que habitó en mí antes de ti.

He aprendido a amar cada poro de mi ser,

la vida trémula a la que me condensate quedó atrás.

Tal vez quedan cenizas del brutal incendio

que se llevó parte de mi vida con aquel infierno.

Piel de color “he sufrido, pero vuelvo a sentir”.

Me gusto cuando me miro

me regalo ratos infinitos.

Me mimo.

Me digo: “bien! no ha sido fácil, pero lo has conseguido”.

Me sonrío.

Me respeto.

Me encuentro.

Me acaricio sin pudor,

me permito ir,

me navego en sueños.

Me vivo!

Y entre versos,

describo la vida que quiero.

Aceptando, perdonando,

amando a la mujer que me devuelve el reflejo de mi espejo.

Te quiero, VIDA.”

 

María terminó la lectura en antena de los últimos versos envuelta en lágrimas. Pidió disculpas a la audiencia y el técnico dio paso a la sintonía del programa mientras hacía gestos de desconcierto a la locutora.

Tal vez María subestimó el poder de su propio diario cuando decidió desempolvarlo buscando sus “porqués”, y al recordarlos tan nítidamente, encontró el “cómo”. Retiró de su cara las lágrimas del pasado y agradeció a la vida poder compartir que volver a empezar, es posible.

#NiUnaMenos