El frío infierno​

Ni se te ocurra volver a decirme que no hace frío en el infierno si nunca has estado allí.

No siempre las tinieblas estuvieron habitadas por ángeles caídos ni gobernadas por Lucifer. Los infiernos viven entre nosotros, a la vuelta de la esquina, en un día en el que los límites están impuestos desde el amanecer o en una noche que despierta con los gritos de nuestros fantasmas, esos que no te dejan soñar, salir, correr, volar.

El INFIERNO está en nuestra cabeza, en nuestro corazón, muchas veces lo encontramos en la boca y te explota hecho palabras que descargas sobre la persona que más te necesita: TÚ. Simplemente porque estabas ahí, en ese INJUSTO momento en ese inoportuno lugar, en ese instante en el que te posee la serpiente que hoy adopta tu cuerpo, tu forma, tus labios , tu piel...y eres más VÍVORA que aquella que repta y mata, y tu infierno imprime un dolor intenso en ti.

El infierno está en una ruptura, en un despido, en un “ lo siento” a deshora, en una palabra más alta que otra, en nuestras frustraciones, en nuestra autocrítica ( tan cruel), en una fiesta de cumpleaños sin amigos, en planes hechos jirones y en un día en el que la SOLEDAD pesa más que toda tu vida y parece que no llega nunca a su fin.

Y después de tanto fuego (y calor) llega un FRÍO que da miedo, un frío aterrador, que convierte ese infierno en un eterno invierno, en un dolor hediondo y helador. Has dejado TANTO daño en tu cuerpo que hasta las cenizas de tus incendios te guardan rencor.

Y sé que por cada infierno no hay un PARAISO sino dos, y que también depende de mí que salga cada día el sol, que no soy dueña de todo lo que me sucede pero sí de como dejo que eso me afecte (o no). Que después de autocompadecerme un día ( o un millón) he de compensar con algo de “ buena chica, al fin y al cabo es lo que querías, le pese a quien le pese, les guste o no”.

Pero no me hables desde la suficiencia de quien todo lo sabe hoy, no me des consejos que no te he pedido ni me juzgues por mis cortos vestidos, mi rímel extremo o mis labios color bermellón.

No creas todo lo que ves porque NO te muestro todo lo que SOY.

Simplemente, acéptame a mi, ahora, aquí

Y, por favor, ni se te ocurra volver a decirme que no hace frío en el infierno si nunca has estado allí.

 

 

 

 

Inés Torremocha - El frío, infierno.