Recoges las notas

escritas en cualquier

trocito de papel que encuentras en el bolso,

por el coche o en la servilleta de la cafetería

en la que disfrutas de un café, ordenas ( o desordenas)

esos papeles, y las yemas de tus dedos descansan

sobre el teclado, acariciando las letras que darán forma

a lo que quiera que necesites escribir.

 

 

Y entonces, una a una, vas disfrutando (o renunciando) a

 

"Las 7 Virtudes de la Humanidad".

Cuando leí las bases del III Concurso Nacional Tono Escobedo, me cautivó en el minuto uno el reto de aplicar por una de las 7 Virtudes de las que presume la Humanidad.

 

Y al ordenar las notas revueltas que suelo dejar por todas partes, entendí que acababa de atentar contra la primera de las virtudes: la HUMILDAD.

Porque quería escribir un texto perfecto, que pudiese cautivar la lectura de un jurado que lo evaluaría después. Deseaba escribir para ganar, para que mi ego de escritora pudiese desperezarse orgulloso, sin más...así que descarté aplicar por "Humildad".

 

Revisé entonces los apuntes acerca de la HONESTIDAD: " decente, recatado, razonable, justo y honrado" según wikipedia. Honrada sí, pero ni decente ( ni lo contrario), ni recatada, y razonable, solo a ratos. Cuando estás educando a dos hijos con poca edad de diferencia, también es discutible la justicia, así que "Honestidad" tampoco sería el texto.

 

PACIENCIA. Sin comentarios, lo que quiero lo quiero ahora (me lo hice mirar y estoy en ello, pero tampoco sería la virtud seleccionada para concursar).

 

Entonces quise darle una oportunidad a la TEMPLANZA: " Virtud cardinal que recomienda moderación en la atracción de los placeres y procura el equilibrio en el uso de los bienes creados", desastre, soy moderadamente excesiva, y más con lo que me produce placer.

La cosa se estaba complicando, resulta que un título tan hermoso como "Las 7 Virtudes de la Humanidad" estaba cada vez más lejos de mi alcance y las yemas de mis dedos continuaban acariciando un teclado deseoso de entrar en contacto conmigo y mis pensamientos.

 

 

Revisé la DILIGENCIA y me pareció una virtud aburridísima, la CARIDAD, que tampoco sé muy bien si consiste en dar limosna a un mendigo, aportar 10 euros mensuales a una ONG o llevar alimentos no perecederos durante las campañas Navideñas, para sentirnos menos egoístas y lavarnos la conciencia antes de la cena de Noche Buena.

 

GENEROSIDAD, esta virtud no va de dar lo que te sobra, sino compartir (dar) lo que tienes, aunque implique quedarte sin ello, generosidad es alegrarte por los éxitos ajenos (un deporte poco practicado en general), generosidad, como escribió deliciosamente el ganador de esta categoría, es dar "Abrazos de Luz" para iluminar la vida de los demás.

Generosidad es morir de amor para que aquel a quien amas viva.

Es una virtud Universal.

 

Finalmente, me decanté por una de las 7 Virtudes de la Humanidad y dejé que mis dedos comenzasen a dar forma a mis pensamientos a través de las palabras.

Una vez empiezas, ya no puedes dejar de crear frases, emoción, tormento, ilusión, circunstancia, alegría, locura o llanto, te dejas llevar por un deseo irrefrenable que se vacía en un texto para ser leído, por ti.

 

No gané el premio absoluto del concurso, ni el de la categoría con la que participé. Pero recibí un email, en el que me contaban que compartiría libro, no sólo con los ganadores, sino con más escritores que regalaron sus letras para que hoy disfrutemos con sus historias.

 

Y me sentí ilusionada, agradecida y feliz.

 

El viernes 11 de diciembre, el grupo DefotoLibros, nos trasladó al mundo escrito del siglo XV, dándonos un paseo por el Museo de la Imprenta que descansa en el Monasterio de Santa María del Puig, en Valencia. Compartió con nosotros un emotivo homenaje a Tono Escobedo, amante de la belleza capturada en imágenes o en la palabra escrita. Nos regaló una tarde llena de historia, cultura y mucho cariño. Todo el acto, amenizado con la fantástica música de la Xaranga mecánica.

 

Toda historia tiene un principio, quien sabe, tal vez este, sea el mío. 

Ines Torremocha microrrelatos