La tormenta imperfecta 

Me cansé de esperar la TORMENTA perfecta y salí a mojarme, literalmente.

Dejó de importarme lo que pensarían de mí al tomar algunas decisiones y me centré en qué es lo que yo diría de mí misma pasado un tiempo si me dejaba llevar por el juicio ajeno.

Y me expuse (y me expongo).

 

 

¿Sabes qué pasa cada vez que hago lo que creo que debo de hacer sin preocuparme lo que pensarán de mí mañana? NADA. Porque siempre bailaremos para unos o para otros pero no siempre acertaremos con el compás, así que hagamos lo que resuene en nuestro corazón y olvidémonos de lo que dirán bocas intrusas. SEGURO que habrá quien nos critique, pero su opinión NO hará mella en nosotros porque simplemente estaremos siendo coherentes con nuestras decisiones.

En el momento en que resolví vivir mi VIDA y dejó de preocuparme si defraudaba o no las expectativas de los demás, ese día, SI que pasó algo...de hecho pasó TODO, y las primeras gotas de mi tormenta IMPERFECTA empezaron a mojarme el pelo, mi cara, una sonrisa que de soslayo iluminaba mis ojos al saber que había llegado mi turno, y la lluvia resbalaba por mis hombros, calaba mi vestido, mis brazos, iba sintiendo la lluvia en mi pecho, mi espalda, mis piernas que seguían unos pasos firmes y resueltos, aunque a la vez llevaban la melodía de una incertidumbre tímida, sutil pero presente. Los charcos ya cubrían incluso mis pies...la tormenta me encontró y yo me dejé seducir por ella.

Las voces que me decían: “ Ey, Inés, ahora que acaban de romper en MIL pedazos tu corazón, vas a ponerte con eso?”, “¿ahora que empiezas una nueva vida vas a complicarte más?”, ¿ahora que estás embarazada?, ¿ahora qué estás empezando en una nueva empresa?”...Todas esas voces limitantes se silenciaron, todas esas preguntas que no me dejaban avanzar se diluyeron con el agua de mi deliciosa tormenta cuando ACEPTÉ que formaban parte de mi REALIDAD. También supe (sé) que muchas de esas voces venían de mis propios diálogos internos. La mayoría de las veces culpamos a las circunstancias de no darle forma a nuestros SUEÑOS y resulta que nosotros somos los únicos responsables de no convertirlos en realidad.

¡Por supuesto que no es fácil! Nadie dice que lo sea, pero sí que merece la pena cerrar los paraguas de las objeciones y mojarte hasta los huesos, olvidando los condicionales y enfrentándote a los “ ¿y ahora, qué?”.

 

Hoy te abrazo, desde la intensidad de una vida INDOMABLE que no conseguirá doblegarme jamás.

#LoveU