Fenomenal, fenomenal, fenomenal

No es más feliz quien más veces dice que lo es, ni es más desgraciado quien se empeña en vivir en un drama permanente.

 

¿Conoces a alguien que cuando le preguntas qué tal le va todo, esta persona siempre contesta “oye, TODO fenomenal, fenomenal, fenomenal”? Y cuando te toca contestar a ti, ¿no te entran ganas de decirle algo así como “que te den”? Y, ¿no te ocurre lo mismo cuando te contestan siempre “ buff! fatal, todo es un desastre”?

 

El otro día, lo hablaba con dos mujeres a las que aprecio mucho, y que han inspirado el post de hoy.

 

Me fascina el tema de la empatía. Según wikipedia, esta es su definición:

 

“La empatía es la intención de comprender los sentimientos y emociones, intentando experimentar de forma objetiva y racional lo que siente otro individuo. La empatía hace que las personas se ayuden entre sí”.

 

Pero claro, la empatía, también tiene derecho de admisión, al que deberíamos de añadir un montón de matices, como por ejemplo, el de la veracidad que te transmite esa persona con la que queremos (o no) empatizar, y vuelvo al caso de las personas que siempre dicen tener una vida perfecta, o a los de: “mi existencia es un caos (siempre)”.

 

Por mi profesión como comercial, he conocido durante todos estos años a cientos de clientes con los que he interactuado personal y profesionalmente. Recuerdo, que una clienta me dijo una vez: “Inés, a mí, cuando me preguntan qué tal estoy, siempre contesto que “ fenomenal”, así, si esa persona me aprecia, se alegrará por mi, y si lo pregunta con malicia, esperando que le hable de mis miserias, pues se quedará con las ganas”.

Bueno, es una forma de gestionar una pregunta tan rutinaria como es “ ¿qué tal te va?”, aunque desde mi punto de vista, lo que hacemos con esa respuesta sistemática, es bloquear un proceso de empatía que nos humaniza.

 

Está claro, que no tenemos porqué ir contando nuestra vida a todo aquel que nos aborda con una pregunta que, la mayoría de las veces, nos la hacen por pura cortesía. Pero también creo, que son demasiadas veces, las que vamos en piloto automático y respondemos “fenomenal”, o “ todo es un desastre”, independientemente de a quien tenemos delante, y generalizando injustamente nuestra vida.

 

La empatía surge de un contagio emocional que nos humaniza, nos conecta, nos muestra vulnerables, nos ayuda a verbalizar emociones y a sentir las de los demás. La empatía, como dice wikipedia, hace que las personas se ayuden entre sí. Y esto, solo será posible, si somos honestos, y cuando nos pregunten desde la cercanía de personas que realmente se preocupan por nosotros, respondamos con precisión, sin tener que entrar en detalles, ni largas explicaciones.

 

Habrá épocas, en las que disfrutemos de una vida más armonizada, y otras, en las que vayamos de tormenta en tormenta, y no pasa nada por contestar cosas livianas, como: “la verdad es que muy bien, alguna cosilla por ahí por resolver, pero bien” o un: “últimamente regular, pero voy poco a poco saliendo adelante”.

 

La empatía no va de sentir el dolor de quien comparte contigo sus desgracias, eso nos arrastraría hacia su sufrimiento, y no le serviríamos de anclaje positivo.

 

Empatizar es una cualidad humana que nos ayuda a comprender y aceptar, que esa persona está pasando por una mala época, sin juicios, sin reproches, ni frases tan socorridas como: “ sé por lo que estás pasando”.  Podrás ayudar a esa persona, si consigues comprenderla sin desfallecer en su dolor, escuchando, acompañando, y repasando con ella cuáles son sus fortalezas, para seguir adelante.

Lo mismo ocurre cuando empatizamos con personas que viven experiencias positivas, el contagio emocional también funciona aquí, solo que es más sencillo el intercambio de esas emociones, y el proceso de empatía.

 

Hoy te invito a sentirte vulnerable y a percibir la vulnerabilidad de las personas que te rodean, y que son importantes para ti (tu pareja, tus hijos, tus padres, tus amigos... ) Te animo a que les preguntes, “¿qué tal va todo?”, y que lo hagas desde el interés real, para poner todo de tu parte, si es que te necesitan.

Te animo, a que dejes que esas personas sientan tu fragilidad, tu sensibilidad, tus debilidades, y que puedas también hablar, de todas las fortalezas con las que cuentas para gestionar esas fisuras de las que están hechas nuestras vidas.

 

Y en el momento en que conectes con esa persona, en ese momento en el que la emoción es bidireccional, vas a descubrir la cálida, determinante y poderosa virtud, que emana del poder de la empatía.

 

LoveU

 

Inés Torremocha - Fenomenal, fenomenal, fenomenal