Fotografía: Aury de Cruz.​

Seamos LUZ, y el mundo verá

La intensidad no se pierde con el paso de los años, tal vez queda agazapada de cuando en cuando, de miedo en miedo, entre los trozos de la piel que perdemos, y la sal de demasiadas lágrimas que nos mojaron mucho y nos ayudaron menos.

 

La energía de mil soles, precedidos de otros mil amaneceres, quedará en Tierra de Nadie si nos acostumbramos a mirar hacia otro lado. Es tan fácil cambiar de tema cuando no nos interesa el resultado de la conversación, tantas veces hemos evitado una llamada por esquivar reproches propios o ajenos, que ya no sabemos ni hacia dónde mirar, ni de qué hilo tirar para iniciar un diálogo con quien hace tiempo que no hablamos, con aquellos a quienes dejamos hace meses (o incluso años) al otro lado de nuestros juicios.

 

¿Hace cuánto tiempo sabes qué deberíais de sentaros a hablar?

¿Hace cuánto tiempo dejaste de creer en ese proyecto profesional?

¿Desde cuándo sabes que debes tomar esa decisión tan complicada?

 

Procrastinar lo inevitable nos debilita. Creemos que cambiando de tema o viviendo en un “mañana será otro día”, rehuimos un presente que nos incomoda, pero en realidad, no hacemos más que dificultar esa decisión.

Los problemas comienzan a disiparse en el momento en el que das el primer paso para buscarles una solución.

 

El otro día me explicaban, que en el antiguo Egipto, para romper materiales como las rocas, piedras o el granito, tenían varios medios, uno de ellos consistía en insertar en las grietas de estos resistentes materiales, palos de madera de distintas medidas, después los iban mojando y posteriormente, la madera se hinchaba y rompía la roca.

Nuestra vida está llena de decisiones postergadas a las que sabemos que debemos de enfrentarnos, decisiones duras, como aquellas rocas que los egipcios necesitaban quebrar para fabricar herramientas, utensilios e incluso algo tan bello como fueron las pirámides.

Encontremos esa hendidura en cada uno de los problemas o situaciones complicadas con las que tenemos que lidiar diariamente, y una vez demos con esa brecha, hagamos como aquella madera que pese a ser un material aparentemente más débil que el granito, termina por crecer y convertir algo pesado, infranqueable y robusto, en partes más pequeñas de un mismo ser, para así reutilizarlas en un bien mayor. Seamos esa madera que crece a base de determinación, coherencia y ganas (muchas ganas), capaces de convertir nuestros lastres en un paseo más liviano por la vida.

 

Como dice el refrán, “No hay más ciego que el que no quiere ver”, y como decía la letra de una canción que compuse junto a mi mami hará ya unos 35 años... “Seamos luz, y el mundo verá”.

 

#LoveU siempre.

 

Inés Torremocha - Seamos LUZ, y el mundo verá